domingo, 14 de abril de 2013

Concentrarse

cuesta mucho
cuando existe un cuerpo
en el último recuerdo de un orgasmo.

No hay manera de concentrarse
cuando tu última caricia aún me recorre
cuando recorro una vez más
la ruta que marcaron tus besos.

Una no puede vivir así,
termino diciéndome que padezco
de falta de voluntad,
de incesante locura,
de quebrantable alegría
cuando no te asomas
en los pliegues de mi sábana.

Qué difícil es vivir sin tu abrazo en las madrugadas
o sin tu risa de las 3 p.m.
Qué difícil es proponerse ser cuerda
cuando no existe mejor locura que esta que me regalas.

Y lo sé perfectamente,
cuando nos veamos
seremos dos viejos bien medidos,
serenos adultos responsables,
compadeceremos ante el juicio recto
de un afecto a todas luces perfecto.

Entre plática y plática,
los libros leídos,
el cine de los miércoles,
los cafés compartidos,
los planes a futuro,
ese futuro que no es futuro para nadie,
nos daremos cuenta que somos serios,
que somos un par de aburridos,
que nos divierten tantas tonterías,
que no esperamos nada
para no obligarnos a nada.

En medio de todo eso,
cuando ya nada parece cierto
y todo es verdad
(esa verdad adulta, seria, aburrida y bien medida)
desbordará mi deseo por tus besos,
mi cuerpo reconocerá de nuevo a tus dedos,
tu cuerpo encajará perfecto en el mío
y de nuevo será imposible pensar en la verdad,
aquella verdad adulta, seria, aburrida y bien medida.

jueves, 11 de abril de 2013

Interludio

Porque te soñé siempre y nunca
no supe del color de tu piel
hasta que estuve lista para tu mirada.

Te quedaste instalado
en mis silencios
luego de una canción,
luego de un cuento,
luego de un beso.

Luego vendrían las palabras,
las tuyas,
las que me dejan
la idea espectacular
de que me pertenecen tus abrazos.

martes, 9 de abril de 2013

Amanecer

Invades el lado vacio de mi lecho,
encuentras la forma adecuada de hacerme dormir,
estableces una nueva historia en mis cabellos,
marcas nuevas rutas en mi piel.

Deja aquí tu recuerdo,
yo también me quedo con vos.

jueves, 4 de abril de 2013

Tocar[te][me][nos]

El verbo siempre me aterró.
La conjugación de tus manos
me libró del miedo.

Tocarte
tocarme
tocarnos...

El acto íntimo de curar tus heridas,
de bajar mis defensas,
de borrar malos días,
de buscarte en mi piel.

Tócame,
porque así me reconoces,
porque así trazas nuevas rutas en mi cuerpo
porque así vuelvo a la vida.

martes, 2 de abril de 2013

La corbata

Ella nunca había comprado una corbata... ¿cuál es el protocolo adecuado para la compra? Una llega y dice... "quiero una corbata que combine con una camisa color blanco" (por decir un color).

La primera vez que vio a Humberto a la salida del trabajo, venía quitándose la corbata... era una espantosa corbata, ni siquiera atinó qué color era en realidad... era como una combinación caótica de colores y sentimientos. Cayó en la cuenta de que nunca había salido con hombres encorbatados, todos eran unos críos con trabajos pusilánimes, de vestimentas relajadas. Humberto era ingeniero. 

Poco a poco fue conociendo el repertorio de sus corbatas, unas menos trágicas que otras... unas normales, otras vintage, otras sin pena ni gloria... 

Hasta que llegó una camisa, era morada... ella pensó en comprarle la corbata adecuada. Pasó meses buscando la dichosa corbata que combinara con la camisa... nunca la encontraba... pensó que era porque nunca había comprado una. Buscó y buscó y buscó y la corbata adecuada nunca aparecía, tenía en su mente el color que creía que era el adecuado... lila. 

Un día, que es como decir que fue martes o jueves... o tal vez un viernes cualquiera, Humberto le pidió que lo acompañara a comprar una camisa... y una corbata. Ella sintió que había fracasado en su intento de prodigarle la corbata adecuada, la elegida, la bendecida. Como con tantas otras cosas, se sintió una mujer inadecuada para las cuestiones básicas y cotidianas de ser pareja. 

No quiso rendirse, Humberto tenía una camisa y una corbata nuevas, pero ella seguiría buscando la corbata. Una tarde, mientras esperaba a que él saliera de la oficina, se entretuvo en un centro comercial, había cesado de buscar, pero esa tarde la vio... estaba en una vitrina, asomaba como serpiente tímida de una caja negra... la hipnotizó. 

Con ligereza propia de las mujeres enamoradas entró al almacén, preguntó al primer joven vendedor distraído que vio si podía mostrarle la corbata que estaba en exhibición en la vitrina. Pobre muchacho, era medio torpe, botó todas las carteras, las cajas de pañuelos y los calcetines que estaban alrededor de la caja con la corbata. Cuando la tuvo enfrente supo ella que debía llevarla. No era lila, no le correspondía a la camisa que seguía sin corbata que le calzara. No importaba. Esta gritaba el nombre de ese hombre que durante un año había tenido el buen recurso de sorprenderla para ganarse sus mejores sonrisas.

"La voy a llevar" le dijo al distraído vendedor, la transacción no duró más de tres minutos. Colocaron la cajita negra con la corbata en una bolsa blanca, la tomó con la ternura requerida y caminó hacia la oficina de Humberto, aunque no había tenido contacto con él aquel día, ya habían quedado en verse para salir por la noche con unos amigos, quería sorprenderlo, más no sabía que la sorprendida sería ella. 

Al llegar le informaron, Humberto no había llegado a trabajar. Un incontenible silencio se apoderó de ella, todos los ruidos del mundo se detuvieron por un instante, ella con la bolsa en su mano no esperaba esa noticia. 

Tomó su celular, marcó... de nuevo el número de él... como antes, la misma voz autómata: "el número que ha marcado está fuera de servicio". No supo cómo ni en qué momento una lágrima se le escapó y la recorrió entera. 

lunes, 18 de marzo de 2013

Nunca

Nunca he sido la más indicada,
ni la más linda, ni la más comprensiva.
Más bien siempre he sido rara,
lo atestiguan mis amigos
y los amores que se me murieron una noche
sin más ni más.

Puede ser que nunca
encuentre las respuestas adecuadas
ni que de tu boca salgan las palabras que espero,
puede ser que nada sea real,
puede ser que todo sea ayer.
Nunca me gusta pensar en dos.

Porque es tan difícil,
soy temperamental, no me entiendo sola,
no me gusta que entren a mi cuarto sin permiso,
ni el café tibio,
no me gustan los ronquidos que se atragantan,
ni los pies fríos.

No me gustan los silencios pesados,
esos que están reteniendo verdades no dichas,
no me agrada acostumbrarme a rutinas
porque luego, cuando todo acaba,
¿qué hago con las costumbres?
¿a dónde saco a pasear mis incertidumbres?
¿a quién le cuento mis alegrías?

Y no me gustan las lágrimas,
no me gustan los suspiros
ni las canciones que me recuerdan una tarde o una noche...
porque entonces me vuelvo idiota,
ninguna mujer debería de pasar por esto.

Como un día me harté de ser la que perdía
hablé con mi corazón,
le dije con franqueza,
que se dejara de babosadas,
que entendiera que nada es para siempre,
que los hombres son inexplicables,
insondeables,
inmensamente extraños
y de paso, a veces
eran incómodos también.

Buenos pleitos he tenido por esto,
mi corazón no entiende,
le insisto
"él es libre"
le repito...
"no nos pertenece"
"no le pertenecemos"
nada... el pinche no entiende.

En el silencio de la madrugada
me susurra el corazón...
"es cierto lo que me decis...
pero cuánto lo extrañamos".

Nunca he sido la más indicada,
ni la más linda,
ni la más comprensiva.
Más bien siempre he sido rara
y de paso,
tengo un corazón que es un desfachatado.
(diciembre 2012)

lunes, 11 de marzo de 2013

Tus manos

El agua etérea 
baja por mi piel,
encuentra refugio
en los pliegues
en mis cabellos 
en el secreto de mis poros.

Solo hay algo más bello
que la caricia el agua,
y que los atardeceres
y las primeras lluvias
y todo aquello que pinta
sonrisas de malicia en mis labios.

Más bello que todo aquello
son tus manos,
las yemas de tus dedos
provocando la festividad
que solo el agua ha podido
ofrecerle a mi piel. 
(070313)