jueves, 24 de octubre de 2013

Caos

¿Estás aquí?

El roce fulguroso de tus dedos sobre mi piel
marca el camino jamas imaginado de mis delirios.

Tu cuerpo y el rumor de la lluvia que llega,
el murmullo de tu mirada sobre mí.

Y no sé qué hacer.
Me abandono,
salto al vacío,
me convierto en sombra,
te siento.

Tu cuerpo y el manto del viento,
las estrellas que se desprenden...

Me desintegro
bajo tu piel,
estallo,
desaparezco,
no puedo regresar,
no soy la misma.

Tu cuerpo y lo insondable de mis cabellos,
el caos que nos habita,
el movimiento telúrico de tu sangre
el gemido apacible de la música
el mareo que me anuncia la muerte.

Sos el peligro,
el misterio
y yo tu víctima.

jueves, 17 de octubre de 2013

Decirte

que en noches como la de anoche
suelo extrañarte demasiado
es la prueba irrefutable
de que he muerto.

Que quiero contrariar la vida que llevo
que deseo llenarme de tus besos
que me mantengo alerta por si apareces,
que destruyo a la cínica que siempre fui.
Me he muerto.

Admitir que te he querido aún en tu ausencia
es maldecir mil veces mis soledades
a mi sombra desabrida
y a la luna que se esconde de mis ojos,
es reconocerme simple,
arisca
y un poco vacía.

Decir que a veces,
solo a veces,
te extraño de más
es reconocerme parte de ti.

jueves, 3 de octubre de 2013

Ahora con vos

La delicia de tu piel me hace mujer,
me transmuta, me hace evolucionar
en tu manos soy brisa, soy pluma
y luna.

Con tu caricia en mi espalda
soy tonada tranquila,
espero el estallido de los besos
para ser exabrupto de la tempestad
que moja nuestros cabellos.

Soy la misma
mi mapa no se ha modificado
lo nuevo en mi piel es la ruta que marcaste
el recorrido de tus dedos,
la luz de tus abrazos,
las marcas de tus días.

Soy la misma
mujer, luna, trigo y gato,
música, pájaro y nube,
oscuridad, silencio y soledad,
pero ahora con vos

jueves, 26 de septiembre de 2013

Agonía

La agonía de la noche se abre ante mí
el frío se mete en mi piel,
se mete en los recuerdos de mis cuatro años
se mete en el miedo que me acompaña
se mete en mi cama.

Me abro ante ella.

La agonía de la noche trae tu abrazo en ella
lo deja rodeándome,
molíendome,
estrujándome,
impregnándome
del sabor de tu piel

Dejo que me abrace.

La agonía de la noche
coincide con la agonía de una canción,
de una vida,
de una página,
de un gorrión.

Lloro todas estas muertes...
lloro mi propia muerte.

La agonía de la noche
me recuerda una tan sola cosa...
pronto estarás a mi lado
destrozando este momento.

Entonces soy feliz.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Señorita Canela

Siempre fue así... un poco encachimbada por cositas mínimas. No entendía por qué no le enternecían los niños, los girasoles y otras cursilerías. Era aspera. 

Señorita Canela trataba de mantener una sana distancia con algunas personas, no fuera a quererlas demasiado, "una se lleva cada lágrima"... al fin y al cabo las lágrimas ajenas poco la conmovían, a menos que fueran realmente necesarias para no morirse con un sentimiento atrevesado. 

Amaneció aquel lunes totalmente indispuesta, en el bus un niño, que no tenía control de su propio cuerpo, la golpeo todo lo que pudo, hasta que ella le clavó una mirada inquisidora, heredada de Herodes. La madre del crío insolente y malcriado entendió la mirada y lo apartó. 

Al aterrizar a la oficina se vio obligada a participar de un acto religioso que sintió vacío y carente de sentido, "está bien si ellos quieren participar" pensó mientras trataba de trasladar su  mente a otro lugar menos lleno de aplausos y eufóricas declaraciones de dependencia. 

El almuerzo no fue mejor, "por si les interesa... en la edad media era buena solución sacarlos a la calle y prenderles fuego" para darles la solución real a una estupidez. 

Se sentó frente  a la computadora y buscó algo que la calmara, que trajera de regreso a la buena que habitaba en ella. 

Señorita Canela es un peligro para la mujer que habita, esa que se enfunda en pantalones negros y blusas flojas, esa medio choca, la que le cuesta terminar un librito de morondanga, es un peligro para esa que cocina, ve tele, que quiere a un tipo igual de zamarro que ella... Señorita Canela es un peligro... quiere salir y mandar a todos al cuerno.

No se imaginan lo difícil que es vivir con ella en mi interior.  

viernes, 30 de agosto de 2013

Saber estar

Oh, I am what i am. I'll do what i want.
Dido

La sábana es un universo demasiado extenso sin vos
mientras yo habito este mundo paralelo
vos existís en la rutina que nos hace tan distintos.

No me falta nada, no me sobra nada.
Estás ahí, con los ojos cerrados a la vida
yo velo tu sueño.

Hace unos meses decidí ya no preguntarme,
decidí guardarme las dudas,
encargué un poco de alegría a las nubes
y me dispuse a besarte de nuevo.

Siempre has habitado en ese extraño mundo
ese en el que pensé que jamás me sentiría cómoda.
Tomar un lugar en el mundo siempre me costó,
nunca encontré la forma de tener una vida normal.

Hoy tengo horarios,
tengo libretas de trabajo,
descanso cuando puedo y si puedo
la diferencia de mis días radica
en tu salvaje presencia en mi mundo.

jueves, 29 de agosto de 2013

El susto

¿Escuchan ese ruidito? Es como si algo se estuviera desintegrando lentamente. ¿No lo escuchan?

Aquella noche decidió tirarse al piso fresco y recién trapeado para descansar, estaba harta de una semana que no prometía terminar nunca.

Nada la había preparado para lo que le esperaba... se había mudado a aquella casa dos meses atrás. Por supuesto los primeros días experimentó el miedo clásico de la soledad. Pasar de vivir con cinco personas a tener la compañía eventual de Mario la había hecho caer en la cuenta de algo que había olvidado: era miedosa.

En serio, yo escucho ese ruidito fino y tintillante y eso que soy medio sorda, no me engañen, ustedes tambien lo oyen.

Estaba viendo televisión, ese televisor viejo y arruinado que su papá le regaló y que había servido para que no se muriera de aburrimiento. Tal vez era que había retomado su afición por ver programas que hacían estudio biográfico de asesinos en serie, desde unos días atrás se sentía intranquila. Como si la sensación de sentirse observada no la abandonara nunca.

Decidió ir por un vaso con fresco.

Tal vez sea bueno que le llame a Mario, tal vez hablando con alguien pueda hacerme la loca y olvidar un rato ese ruido. Ustedes no están colaborando, él si lo hará.

Acostumbraba a andar descalsa en casa, era uno de esos disfrutes secretos que tienen muchas personas. Sentir lo fresco del piso en las plantas de los pies. Además así sentía que le dolían menos los pies y la espalda luego de una semana ardua de trabajo. Vivir sola tenía sus ventajas, podía realizar pequeños e inofensivos rituales sin ser juzgada, como eso... caminar descalza, bailar sensualmente sin que le diera pena ser observada por nadie, tomar el tarro de crema y embadurnarse las piernas lenta y pacientemente, tomar todo el jugo que le cupiera en pequeñas dosis mientras veía a cuatro nerds y tres locas amarse.

Pensó, mientras tomaba el primer sorbo, que deseaba las manos de Mario sobre sus caderas justo en aquel momento en el que estaba con la puerta de la refri abierta y ella tomando jugo... cerró los ojos para traerlo con su imaginación.

Posiblemente sea una alucinación y el ruido que estoy escuchando no sea cierto. Tal vez sería buena idea ir donde la Dra. Garay, digo... para contarle que la vida ha sido  magnífica sin pastillas, pero que de vez en cuando extraño las pláticas con ella.

Un día antes había discutido con su madre por teléfono, ella nunca estuvo de acuerdo con su decisión de ir a vivir sola. Creía que era demasiado peligroso que una mujer soltera fuera a vivir sola, peor aún, eso daba suficiente libertad para caer en excesos que podían agravar su salud mental. Peor aún, su hija podía ser feliz sin que ella pudiera participar de eso. La discusión fue tan fuerte que ambas habían decidido cesar la comunicación por un tiempo. Digamos la verdad, ella había decidido que no quería hablar con su mamá en un buen tiempo.

Subió las gradas, tomó posición cómoda para seguir viendo tele, hizo un recorrido rápido con su mirada, en la sala estaban apilados los libros recién mudados de domicilio, el televisor viejito encaramado en un banquito de plástico que compró a un precio muy modesto... la etiqueta decía $3.50... cuando lo encontró en una ferretería cercana a su casa. Entonces, al finaliza ese recorrido visual... lo vio.

¿Esos son unos bigotes?

Asomaban de la oscuridad, por debajo de la puerta que da al balcón... unos bigotillos que se movían, todos confluían de una nariz rosada. Fue abriendo los ojos a medida que un enorme ratón iba entrando por la rendija. Se fue sentando lentamente a medida que el animal iba avanzando. Nunca le ha tenido miedo a los roedores. No entendía por qué sentía esas enormes ganas de gritar. Contrariando el impulso inicial no hizo ruido, se quedó quieta... el ratón también.

Me está mirnado, me mira a los ojos, ¿qué querrá? es imposible que estés aquí, no podemos estar juntos. 

Por qué estás entrando, no es correcto que vengas a mi casa. Tenes la desfachatez de quedarte quieto, viéndome... ¿o estás paralizado?

¿Por qué no reaccionas? ¿Por qué te has quedado paralizada?

¿Ahora qué hago?

¿Ahora qué hago? 

Ese instante en el que ambos (mujer y ratón) se habían quedado silentes e inmóviles parecía eterno. Uno no sospechaba que el otro pensaba que mutuamente eran intrusos, eran extraños, que estaban asustados.

Ella fue la primera que empezó a moverse, alargó el brazo y agarró el celular, abrió el canal de comunicación con Mario. Escribió una sola palabra.... "Ratoooooooooooon!"... si, lo escribió como si lo hubiera gritado.

Aquel grito escrito tuvo el mismo efecto que hubiera tenido un grito... el ratón se espantó y salió corriendo, regresó a la rendija de la puerta y se perdió en la oscuridad del balcón.

Nunca vayas ahí - dijo agitado aún a un colega que le daba aire con un papelito- ahí hay una mujer que grita en silencio! No te imaginas el susto... esas son las peores, concluyó.